me obliga a contrariarme en diversas formas.
Pienso, en primera instancia,
que tu inmaculada imagen es el destino final de las cosas
¿De donde venimos? ¿A donde vamos?
cuestiones que no tiene sentido preguntarnos.
No me preocupa el final del camino,
como tampoco me preocupa consentir al corazón.
Pienso, en segunda instancia,
que las dudas surgen del abismo
cual quimera arrebatadora de sueños posibles
y nubladoras de toda coherencia y razón.
Pero pensemos que el corazón no existe
o por lo menos imaginemos que no detenta al amor.
¿Existirá entonces algún anhelo asequible,
que permita vislumbrar la realidad,
un camino con menos bifurcaciones
y por fin encontremos la verdad?
Pienso, en tercera instancia,
que aun y cuando exista la certeza y el pleno raciocinio;
la duda y la busqueda seguirán siendo parte del ser humano.
Si fuera cierto, ¿Que caso tiene seguir preguntando?
si tu imagen se ha asentado y por completo me ha dominado,
no temo del sendero por el cual me dirija
sino de la triste soledad en la que me ha dejado.
Pienso, ya cansado de pensar,
que no me hace daño mantenerte en mi mente,
ni tu desamor me hiere,
ni tu desprecio me duele,
ni la distancia puede ofenderme.
Sin embargo....
La devoción incauta profesada en tu persona,
me obliga a contrariarme en diversas formas.
Tu me diriges, tu guías mi camino;
no temo al destino, ni temo a mi mala suerte
aunque ese destino... sea mi muerte.