“
Ya llegué mi
vida. Sí ya sé, es un poco tarde lo sé; a veces no es fácil estar aquí. Pero,
¡mírate! Te ves hermosa de blanco y tú siempre diciendo que no te favorece.
¡Cómo no te va a favorecer! Resalta tus
ojos cristalinos (esos que nunca me quieren ver). No entiendo el porqué de tu
semblante altivo ni tu mirada perdida, siempre me esquivas la mirada con cierto
desdén. Pero eso no importa ¿sabes? Porque… tete… te… porque yo te quiero
igual. Ya me volvió este tartamudeo.
Ayer llovió antes de irme y ya
no me pude despedir de ti, por lo menos no como es debido. Discúlpame Paquita, tenía
que correr; no es agradable dormir con la ropa mojada. ¿Qué no te besé antes de
irme? Bueno, bibi… bi…bien lo sabes que es un poco complicado: don Roberto esta
siempre al acecho.
─Eres poco cariñoso─ siempre me lo recuerdas, supongo que ahora un
poco más ¿Por eso no volteas a verme? No… no… no seas tan dura conmigo, yo
vengo todos los días a verte y siempre platicamos por horas. Ya sé lo que dice
la gente, no creas que no me doy cuenta. Supongo que tú lo sabes mejor que yo,
porque siempre estás aquí y puedes escucharlo todo. Hablan a mi espalda lo sé,
pero son mentiras Paquita, no les creas nada. Nada nada nada nadita nada es
cierto: tienen envidia. Tú me quieres y ellos no pueden entender lo nuestro.
Hace unos días don Roberto me gritó, ¿lo recuerdas?: « ¡Largo de aquí! ¡No te
quiero cerca!», repetía una y otra vez, como si sus gritos o este tonto cristal
pudieran evitar lo que sentimos.
Ayer pensé en lo que me dijiste, ¿qué? No, no en dejar de golpearme la
cabeza, sabes que no puedo evitarlo (como tampoco puedo evitar caminar de lado
a lado). Pensé en eso de buscar ayuda. Quieres ayudarme pero nono… no… no puedo
hacerlo Paquita: si lo hago tendría que dejarte, y eso yo no podría, no quiero
no quiero y ¡no quiero! A mí me gusta estar aquí… me gusta mucho verte… si
pudiera tocarte Paquita, si voltearas a verme, si pudieras acariciarme con tu
mano marfilada…
─ ¡Vámonos lejos!
─ ¡Qué! ¡¿Y qué haremos?! ¡¿A
dón…
─ ¡Vámonos lejos!
─ Paquita entiende, no es tan
fa…
─ ¡Vámonos lejos!
─ ¡¡BASTA MALDITA SEA!! ¡CALLATE! ¡CALLATE!
¡callate!... … … …
¿Ves lo que me haces hacer Paquita? Yo no quería
gritarte pero me obb…me oblig… me provocas Paquita. ¡Ya viene don Roberto! Me
tengo que ir. No te enojes conmigo, mañana vuelvo.
”
─ ¡Largo de aquí maldito
vagabundo, deja de gritarle a mis maniquíes!
Alfredo Martínez Pizano
No hay comentarios:
Publicar un comentario