Ocho de la noche
en el Auditorio Central. Todo está listo para la gala: las luces, la música,
las participantes. Esta es a noche de Ana; la noche que había soñado desde que
tenía nueve años. Ese concurso de belleza seria para ella.
Se preparó con antelación: hizo dieta,
salió a correr, refino sus modales; ¡hasta leyó un libro! Hizo lo que debía hacer. Siguió al pie de la letra las recomendaciones que le
había hecho Richard: ese hombre mayor que le daba todo.
Se levanta el telón; pero falta algo,
alguien, para ser preciso: Ana.
Al otro lado de la ciudad, en una pequeña
habitación con poca luz; con solo un par de sillas y una mesa, alguien pregunta
Ana por lo sucedido:
─Le digo que yo no tuve nada que ver, todo
fue gracias a él. Comentó Ana mientras se peinaba el cabello con los dedos. ─Él
ya estaba así desde temprano. Me dijo que le dolía el pecho; que no podía mover
el brazo y que necesitaba ir al hospital. Me pidió que lo llevara; pero le dije
que no podía porque esta es mi noche. Él lo sabía: sabía que no me la podía
arruinar y por eso decidió morirse, eso creo, es que él me amaba mucho.
Alfredo Martinez Pizano
No hay comentarios:
Publicar un comentario